martes, 1 de enero de 2008

ENERO 2008. INICIO. Graciela Suárez es una muchacha de clase media que lucha día a día en la gran ciudad tratando de conseguir un trabajo. Vive con Maria Inés, su madre, y con Víctor, su hermano. Un vago desobligado que vive a expensas de lo que pueda sacarle a su madre, la cual se ayuda vendiendo repostería fina y mantiene los gastos de la casa con ayuda de Graciela, quien busca trabajo sin poder encontrarlo.

Ricardo Valdemar, un millonario apuesto, vive de la fortuna que posee gracias a las herencias de sus abuelos y padres y aunque posee una esposa, no es del todo feliz, puesto que ésta está enferma de celos y obsesionada con el amor que el pueda dejar de sentir hacia ella.

Al pasar por las afueras de una casa lujosa, Graciela descubre a una mujer discutiendo con su novio, quien le prohíbe que trabaje. La mujer asegura que ya la esperan para cuidar de alguien pero el hombre se la lleva por la fuerza y entonces es Graciela quien toca a la puerta y se presenta como la nueva institutriz. Allí  Bernarda De la Peña, pilar de la casa, la presenta con Simoneta y Julián, los niños que debe cuidar. Graciela comienza en ese preciso momento su trabajo y más tarde conoce a los padres, Marisa y Ricardo, quienes de inmediato notan la belleza de la muchacha.

Augusto Valdemar es un multimillonario solterón que sabe que pronto morirá debido a una terrible enfermedad. Bajo su techo viven Ricardo Valdermar, su hermano, y Marisa De la Peña, su esposa, así como la madre de ésta, Bernarda, y los hijos del matrimonio. Augusto teme a morir y que su fortuna pase a manos de su cuñada y la madre de ésta, la cuál es una mujer ambiciosa que ha casado a su hija solo para escalar socialmente.

Maria Inés suplica a Víctor que busque un empleo y las ayude a ella y Graciela con los gastos de la casa. Él se las ingenia para escabullirse e irse de vago con los amigos.

Ricardo habla con Marisa y Bernarda acerca de la nueva institutriz, la cuál le resulta muy guapa. Eso alarma a la esposa, quien sabe que la muchacha es más joven y guapa que ella. Bernarda le suplica a su hija que no se altere ni dude de su marido, el cuál pondría los ojos en una muerta de hambre como la nueva sirvienta.

Víctor se entretiene en las calles jugando futbol con sus amigos vagos, quienes no dejan de acosar a Rosario por su gran figura y singular belleza. La mujer entra a casa, donde Maria Inés cuenta sus penurias a Vicenta, su vecina, la cual es ciega. Ambas son interrumpidas por Rosario, hija de la invidente, quien asegura que ella podría ayudar a Graciela, pero ésta siempre se ha negado a ser enfermera en el hospital en el que trabaja. Eso es una mentira, pues Rosario trabaja bailando en un prostíbulo.

Marisa se siente nerviosa pues la belleza de Graciela podría deslumbrar a su marido. Bernarda, su madre, le pide que controle sus celos y confíe en Ricardo, el cual es un buen hombre y siempre los ha respetado tanto a ella como a sus hijos.

Ricardo habla con su hermano Augusto, a quien le dice que la nueva institutriz es una mujer muy hermosa. Augusto no deja de demostrar el desprecio que siente hacia Marisa y Bernarda, a las que considera unas arpías que solo están tras el dinero de los dos.

Feliz, Graciela le cuenta a su madre acerca del trabajo que ha encontrado como institutriz. La mujer se siente feliz por su hija aunque ella hubiera deseado que con sus estudios Graciela hubiera encontrado otro trabajo. Víctor asegura que el trabajo de su hermana es el de una sirvienta. Las dos mujeres le aseguran que cualquier trabajo es mucho mejor que no hacer nada. Él sale de casa y se da cuenta de que Rosario se escabulle en secreto entre las calles por lo que decide seguirla hasta el prostíbulo, donde es molestada por Nacho, quien le asegura que no descansará hasta que ella sea suya. Víctor no puede creer lo que ha descubierto.

Tempranamente Graciela se presenta en la mansión Valdemar, cumpliendo con sus obligaciones supervisada por Herminia, el ama de llaves, mientras que Marisa no hace otra cosa que observarla desde lo lejos.

Nacho sorprende a Rosario en su casa, sorprendiéndola pues ahora sabe dónde vive. La mujer le exige que se marche y él le asegura que si no le hace caso Vicenta sabrá a lo que su hija se dedica. Víctor los descubre y al preguntar qué sucede Rosario le dice que Nacho es su novio.

Graciela cuenta cuentos a Mónica y Julián, de manera dulce, tanto, que ellos se encariñan con ella. La situación causa ternura a Marisa, quien asegura a Bernarda que quizás Graciela se alguien de confianza.

Augusto teme a que Ricardo sea débil y deje que Bernarda y Marisa le arrebaten todo cuanto posee. La primera lo impresiona con su presencia y le comunica lo de la nueva institutriz. Augusto aprovecha la ocasión para decirle que, aunque muera, su fortuna no pasará a sus manos nunca. Ella solo se burla de él y le pide que muera pronto.

Rosario presenta a Nacho ante Vicenta, quien se alegra de que su hija tenga un novio, aunque Vicenta siente algo extraño que hace que rechace al hombre.

Ricardo Lamenta que Augusto crea que pronto morirá. Marisa lo consuela y le pide que tenga fe en que su hermano se recuperará, sin embargo los dos saben que a Lucio en verdad le espera la fatalidad.

Graciela juega con los pequeños Julián y Simoneta en el jardín. Lucio los observa y se sorprende con la belleza de la muchacha.  Sonríe maquiavélicamente y asegura que con su muerte separará definitivamente a Bernarda y Marisa de la vida de su hermano menor.

Maria Inés acude al mercado y en la calle es asaltada por unos malhechores. Al poner resistencia, es golpeada por estos.

Marisa pide a Graciela que se quede a dormir en casa y descanse los domingos por la tarde puesto que los niños la necesitan de tiempo completo. Graciela asegura no poder pues ella tiene una familia. Marisa le promete que si no acepta entonces perderá el empleo. La muchacha se desahoga, preocupada, con Herminia, quien le asegura que detrás del rostro angelical que tiene, Marisa no es buena.

Maria Inés llega mal a casa, sorprendiendo a Víctor, a quien le pide que vaya en busca de Rosario, la cuál es enfermera. Rosario se sorprende al ser buscada y asegura estar ocupada. Víctor entonces le dice que él sabe que no es enfermera pero que al menos intente curar a su madre si no quiere que todos sepan que en realidad es una prostituta. A la mujer no le queda mas quehacer lo que Víctor le pide.

Graciela siente atracción hacia Ricardo y él es bueno con ella por lo que la muchacha cree que se puede enamorar.

Augusto habla con Herminia, quien se encarga de darle sus medicinas. Le dice a la mujer que Bernarda y Marisa solo esperan el momento en que muera para poseer todo cuanto él tiene y que es muchas veces más de lo que posee su hermano Ricardo, por lo que ella, Hermina, lo tiene que ayudar a que eso no suceda.

A solas, Bernarda sueña con el momento en que Augusto muera y toda su fortuna pase a manos de Ricardo, el cuál es débil y pueden dejar, ella y Marisa, sin nada, por lo que asegura que muy pronto será rica, multimillonaria, como siempre lo soñó.

Ricardo juega con sus hijos. Marisa lo acompaña y lo besa asegurándole estar muy enamorada de él. Los dos se besan fuertemente.

Graciela habla con Herminia, quien la convence de quedarse a dormir por lo que la muchacha llama a casa de Vicenta y le pide que avisen a Maria Inés que no llegará a dormir hasta el fin de semana. Vicenta le dice lo que le ha sucedido a su madre, alarmándola. Herminia le pide que se calme pues seguramente su madre se encuentra bien.

Augusto le pide a Ricardo que se fije bien en la nueva institutriz, la cual es hermosa y parece buena. Augusto desea que se hermano enamore a esa mujer y se case con ella. Ricardo no puede creer la horripilante idea de su hermano, pero durante la tarde pasa vigilando a Graciela, hasta que, por la noche, al no poder sacársela de la mente, se da un baño en la piscina. Marisa se da cuenta de que su marido está muy nervioso.

Rosario pide a Víctor que no diga nada de lo que sabe y éste la acompaña al prostíbulo donde trabaja. Allí Nacho no deja de vigilarla.

Graciela camina en el jardín y tiene un encuentro con Ricardo, al que encuentra en traje de baño. Él le agradece que haya decidido trabajar las 24 horas del día y le promete que le triplicará el sueldo. Él le dice que es muy bonita y le acaricia el rostro, intimidándola. Desde su ventana, Augusto goza de la situación, esperando a que su hermano siga su consejo y la institutriz decida ser su futura esposa.

Bernarda, feliz, le dice a su hija que cada vez se acerca más el día en que las dos puedan poseer la fortuna Valdemar, pues Augusto morirá muy pronto.

En una lujosa residencia, el joven Aldo Montecinos desayuna con sus padres, Humberto y Elena, quienes lo alientan a que encuentre a una mujer digna de él, que le de hijos y sea buena esposa pero a Aldo nada de eso le interesa, mas que seguir siendo un casanova.

Augusto pide conocer a Graciela, quien le lleva el desayuno. Él, aunque le causa cierto miedo a la muchacha, se porta amable y no deja de admirarla. Le pide que no le tenga miedo y asegura que solamente quiere ayudarla para que pueda ser distinguida, educada, y sacar provecho de su belleza. Ella asegura ser educada y bien portada, además de estudiada, por lo que no necesita aprender. Él le jura que si se deja ayudar, un hermoso destino le esperará. Graciela sale de la habitación y Santiago, feliz, asegura que al estar ya bien preparada, Graciela será la esposa ideal de su hermano Ricardo.

Ricardo no deja de pensar en la institutriz. Marisa le propone que se vayan de vacaciones, los dos, mas el hombre desea llevar a sus hijos, por lo que planean que se irán pronto.

Brandon trabaja para Nacho, y al ser amigo de Víctor, lo invita a que trabaje para ellos y el muchacho acepta. Deciden que asaltarán una casa que tienen en la mira desde hace mucho tiempo.

Julián y Simoneta encuentran bonita a Graciela, le piden que se case con su tío Augusto y le quite lo amargado. La institutriz ríe ante la situación.

Vicenta le pide a Rosario que deje de trabajar como enfermera, pues teme a que algo le suceda con sus salidas cada noche. Con Llanto, Rosario le asegura que ella quisiera tener otro trabajo, pero no puede.

En su soledad, Elena se atormenta por un pasado oscuro que no puede olvidar y en el que tiene que ver la muerte de su pequeña hija recién nacida.

Maria Inés sufre por no tener cerca a su hija. Pide a Víctor que siente cabeza y él le jura que ha conseguido un trabajo en el que ganará buen dinero para ayudarla y también ayudar a su hermana. Maria Inés se siente feliz por ello y lo agradece a Dios en sus oraciones.

Ricardo muestra cinco boletos de avión a Marisa, quien lo besa, feliz y le agradece que también quiera llevar a su madre. Él le dice no es así y que el quinto boleto es para Graciela, la institutriz. Marisa no puede creerlo y asegura que ello son pueden llevar a una sirvienta que apenas conocen pero el hombre ha dado su última palabra y asegura que, si la institutriz no va, entonces no hay viaje.

Herminia pregunta a Graciela si se ha fijado en lo guapo que es Ricardo y si no le gustaría tener un marido como él. Graciela asegura que sí, pero que esos son solo sueños que ella jamás podría alcanzar.

Marisa llora ante su madre, a quien confiesa que su marido tiene los ojos puestos en la nueva institutriz. Decide que la correrá pero Bernarda la abofetea y le exige que se calme, pues sus celos le hacen ver cosas que no son.

Brandon le asegura a Víctor que al repartirse el motín de lo que roben, verá que es bueno robar pues evitan trabajar demasiado tiempo y pueden comprar todo cuanto desean, por lo que al caer la noche, junto con otros malhechores, acuden a las afueras de la mansión Valdermar, el lugar que asaltarán. Al hacerlo, despiertan los que la habitan y las alarmas se encienden. Es Ricardo quien los enfrenta y todos, menos Víctor, logran escapar. Graciela y Víctor se reconocen en ese momento y Bernarda se da cuenta de ello por lo que exige que digan si se conocen. Víctor dice que no, pero Graciela, siempre sincera, asegura que ese muchacho es su hermano, por lo que la mujer asimila que todo fue un plan de la institutriz, aunque ésta asegura que no fue así.

FEBRERO 2008. Maria Inés tiene un mal presentimiento y teme a que alguno de sus hijos se encuentre en peligro.

Elena no deja de sufrir por su pasado por lo que Humberto, harto de sus remordimientos, le aconseja que adopte a una, para que así pueda darle todo lo que no le pudo dar a la que se le murió.

La policía detiene a Víctor y Graciela pues tanto Marisa como Bernarda la acusan. Augusto se da cuenta  de lo que sucede y acude en defensa de la institutriz, a la que defiende. Ricardo también defiende a Graciela, causando una enorme ira en su esposa, la cual estalla llena de furia en su habitación. A pesar de todo Graciela es detenida y llevada a declarar.

Brandon está preocupado por la detención de Víctor y teme a que éste decida hablar y los descubran a todos.

Augusto pide a Ricardo que ayude a Graciela, la cual es inocente. Ricardo lo hace y acude al ministerio público a defender a la institutriz, demostrando que ella es inocente y que no hay cargos en su contra. Graciela le pide que no ayuden a su hermano, el cuál debe enfrentarse a las consecuencias de sus actos,  por lo que Víctor es procesado al reclusorio.

Marisa asegura que Graciela no volverá a pisar su casa ni estará a cargo de sus hijos, quienes la escuchan y lloran suplicando que no los alejen de ella, pues la quieren demasiado. Bernarda los consuela, los calma y exige a su hija que no pierda los estribos.

Graciela agradece a Ricardo el ayudarla. Él le asegura que ha sido Santiago el que lo mandó. Le pide que regresen a la casa pero ella cree que después de lo sucedido no tiene cara para hacerlo. Ricardo la lleva a su casa, donde le cuenta a aria Inés lo que sucedió. La mujer llora amargamente por su hijo, confundida en lo que hizo para que él sea así. Graciela la abraza y le asegura que ella no es la culpable de lo que Víctor hace, pues él es mayor y por lo tal debe enfrentar las consecuencias de sus actos.

Ricardo avisa a su familia que Graciela no será más la institutriz de Simoneta y Julián. Marisa se siente aliviada pero Augusto no está dispuesto a dejar ir a la muchacha y que sus planes se arruinen por lo que pide a Herminia que vaya en su busca ya que si Ricardo no se presta a sus juegos, será el quien se case con la institutriz.

Maria Inés visita a su hijo en la cárcel. Éste, en venganza, le dice que fue Graciela la que organizó el robo y que al final se lavó las manos y lo dejó encerrado en ese lugar, por lo que más tarde Maria Inés cachetea a su hija y le exige que se vaya de su casa pues no quiere volver a verla jamás, sin escucharla. Al salir de casa, la muchacha se encuentra con Herminia, quien le dice que en la mansión Valdemar la necesitan y que debe regresar a trabajar. Al no tener a donde ir, Graciela acepta regresar como institutriz de los pequeños Simoneta y Julián, donde Ricardo con una sonrisa le da la bienvenida y la abraza. Son descubiertos por Marisa, quien enfurece y cachetea a Graciela, corriéndola de su casa. Interfiere Augusto, quien le recuerda a su cuñada que nada de lo que hay en la mansión es de ella, pues no es mas que una caza fortunas que se casó con Ricardo para exprimirle todo cuanto posee. Augusto toma de la mano a Graciela y le da la bienvenida a la mansión.

Bernarda trata de calmar a Marisa, quien la abofetea y la culpa de la situación pues fue ella quien contrató una institutriz. Las dos mujeres se sacan los trapos al sol y son descubiertas por Ricardo, quien no puede creer que en verdad su esposa se haya casado con él por ambición y no por amor. Bernarda entonces le dice a su hija que ha llegado la hora de que enfrente las consecuencias de sus celos, de su mal carácter y su estupidez.

Graciela desea marcharse de la mansión Valdemar pero Ricardo le suplica que se quede y siga siendo la institutriz de los niños. Ella se niega pues no desea causar problemas. Accidentalmente quedan frente a frente y él, al mirarle el rostro, decide besarla. Ella se marcha y en la calle es casi atropellada por Aldo Montecinos, quien se disculpa con ella y se ofrece a llevarla. Confundida, ella llora y acepta la ayuda del extraño, a quien le cuenta sus penas, desahogándose.

Rosario está segura de que Nacho y Brandon están detrás del asalto a la mansión Valdemar por lo que le exige a Brandon que ayuden a Víctor o de lo contrario ella hablará.

Augusto se niega a despedirse de Graciela, a quien pide que se quede como institutriz al menos como pago por haberla ayudado a no ir a la cárcel. Ella asegura ser inocente y él confiesa creerle. Le confiesa que está a punto de morir y que no desea que Marisa y Bernarda se salgan con la suya, le suplica que lo ayude y cuando ella le pregunta cómo, él le dice que casándose con ella.

Marisa acude a la bruja Yaínza, a quien dicen que de la misma manera que la ayudó a conseguir el amor y la pasión de Ricardo ahora debe ayudarla destruir a la institutriz, por lo que lleva a la mujer a la mansión, donde la instala disfrazada de sirvienta y le muestra la habitación de Graciela.

Graciela cuida a los pequeños Simoneta y Julián, a quienes les dice que ahora ya tendrán una nueva institutriz. Los dos pequeños lloran y la abrazan pidiéndole que no se vaya. Ricardo le pide lo mismo. Le suplica que se quede con los niños y con él. Los interrumpen Bernarda y Marisa, quienes les muestran a la nueva institutriz: la bruja Yaínza.

Aldo piensa en Graciela, la muchacha a la que ayudó. Cree que por primera vez en la vida alguien lo ha impactado. Cree que se ha enamorado de ella.

Brandon acude a visitar a Víctor en la cárcel y le promete que lo sacará de ese lugar en cuanto pueda. Víctor le jura que no ha rajado nada pero que si en unos días no lo sacan de la prisión, entonces hablará todo lo que sabe.

Nacho viola a Rosario, quien se niega a tener relaciones con él, quien le asegura que si se le sigue resistiendo, terminará por matarla.

Graciela toma todas sus cosas de la habitación decidida a marcharse. Herminia le pide que no sea tonta y que acepte la proposición de matrimonio de Augusto, pues si lo hace, podrá sacar a su hermano de la cárcel y ayudar a su madre, la cual podría incluso vivir en la mansión. Graciela lo piensa detenidamente, se presenta ante Augusto y le dice que se casará con él.

Brandon visita a Maria Inés, a quien le da el dinero para que pague la fianza de su hijo. La mujer se lo agradece mucho y acude al reclusorio. Al salir Víctor de la cárcel, vuelve a repetir que fue Graciela la responsable de todo y quien la inculpó.

Ricardo discute con Marisa, a quien le exige que despida a la mujer que ha llevado a su casa, la cual no puede ser la nueva institutriz.  Marisa se niega rotundamente y confiesa que lo único que desea es ver a Graciela Suarez destruida. El le pregunta por qué y Marisa confiesa saber que su marido está interesado en la maldita institutriz.

Elena no deja de recordar a su hija y Aldo recuerda lo mal que le va a Graciela por lo que cree que puede buscarla y ofrecerle que trabaje para su madre, así él podría tener oportunidad de conquistarla.

Augusto habla con el licenciado Federico Robles, a quien le dice que desea pasar todos sus bienes a nombre de Graciela Suárez, la institutriz de sus sobrinos. El licenciado cree que es un disparate y más cuando Augusto le dice que se casará con esa muchacha.

Aldo le propone a Elena que alguien le haga compañía para que no se sienta sola pero la mujer se niega y asegura que ha llegado el momento de que regrese a trabajar a las empresas Montecinos.

Ricardo no deja de pensar en Graciela y en lo mal que hizo al casarse con Marisa hace años, cuando Santiago le advirtió que no lo hiciera. Federico Robles lo interrumpe para decirle los planes de su hermano para con la institutriz.

Rosario ya no desea trabajar para Nacho y cree que debe huir lejos y conseguir un trabajo decente. Se lo cuenta a Vicenta, quien no desea irse de su barrio, lejos de la gente que conoce.

Víctor habla con Brandon, quien le propone que regrese al negocio. Rosario los descubre y lamenta que Víctor siga en malos pasos y que insista en culpar a su hermana de lo que solo él es responsable. La prostituta intenta decirle la verdad a Maria Inés, pero ésta no quiere escuchar razones, cegada por el resentimiento hacia su hija a la cuál Rosario defiende.

Durante la cena en la mansión Valdemar, Augusto sorprende a todos con su presencia y les asegura que muy pronto les dará una sorpresa. Les asegura a Bernarda y Marisa que ninguna de las dos verán un solo quinto de su fortuna. Brinda por ello, haciendo sentir incómodos a Ricardo y Graciela.

En su habitación Yaínza hace brujería para que Graciela comience a sufrír.

Tempranamente Graciela atiende a los pequeños niños, preparándolos para la escuela y ayudándolos a desayunar. Marisa la interrumpe y le exige que se aparte de sus hijos y se vaya para siempre, pues no la quiere ver. Graciela llora por el odio que la mujer lo tiene.

Bernarda discute con Augusto, al que le asegura que lo quiera o no, su fortuna pasará a manos de Ricardo y que en cuanto eso suceda un divorcio será lo suficiente para arrebatarle al menos la mitad de lo que posea. Augusto maldice a la malvada mujer, a quien le jura que eso no sucederá jamás.

Aldo busca a Graciela en casa y allí Víctor le dice que esa ladrona ya no vive allí. Aldo lo reconoce y le dice que él sabe la verdad de las cosas y que Graciela es inocente de lo que la acusa.

Ricardo discute con Marisa, a quien le dice que si ya no pueden entenderse lo mejor será que se divorcien. Ella le dice que jamás le dará el divorcio para que corra a los brazos de la institutriz. Él asegura que entre él y Graciela no existe ningún romance pero Marisa insiste en que sí.

Federico Robles visita a Augusto, quien se encuentra muy mal tras hablar con Bernarda. El hombre exige que Graciela acuda a su lado. Le pide a la muchacha que firme su acta de matrimonio, pues a él e queda poco tiempo de vida. Graciela le suplica que no la obligue pero él asegura que esa es su última voluntad. Federico le aconseja a la muchacha que lo haga, pues le conviene. Es entonces que Graciela firma y es legalmente la esposa de Augusto Valdemar.

Rosario se enfrenta a nacho, a quien dice que está decidida a dejarlo y a dejar de trabajar para él, el cual la toma del cabello y la golpea asegurándole que jampas se va a librar de él. La mujer asegura que sí y entonces él amenaza con decirle la verdad a Vicenta. A Rosario eso ya no le importa pues está dispuesta a enfrentarse a todo con tal de tener una vida decente.

Graciela llora ante Herminia, a quien le dice que no puede seguir mas en la mansión Valdemar, por lo que toma su maleta y se marcha. Al salir de la casa se topa con Aldo, quien le pide que al deje ayudarla.

Ricardo busca a Graciela y Herminia le dice que la institutriz ha decido marcharse para siempre.

Yaínza entrega a Marisa un veneno mortal que acabará con la vida de Graciela. Bernarda decide robarse ese veneno y depositarlo en los alimentos de Augusto, quien se come y bebe todo para después sentirse mal hasta morir en presencia de la mujer, quien, fingiendo preocupación, llama al doctor. Los Valdemar se impresionan al saber que Augusto ha muerto por lo que Bernarda dice a su hija que ha llegado el momento de disfrutar de esa fortuna si ella se divorcia de Ricardo y le deja a los niños.

Aldo propone a Graciela que trabaje en las empresas Montecinos y ella acepta por lo que de inmediato la lleva ante Humberto y Elena, quien al verla se encariña con ella y cree que debe trabajar a su lado.

Ricardo sufre por la muerte de su hermano y Marisa le asegura que tarde o temprano ese momento llegaría. Bernarda insiste en que el testamento de Augusto sea leído pronto. Molesto, Ricardo decida ponerla en su lugar y le asegura que nada pasará a manos de ella puesto que jamás fue del agrado de su hermano.

Graciela se entera de la muerte de Augusto gracias a Herminia, quien la llama a su celular. La mujer acude a la mansión Valdemar y da el pésame a Ricardo, despertando la ira de Marisa, quien la corre. Federico le asegura a Marisa que Graciela tiene todo el derecho de quedarse por voluntad de Augusto. Ese comentario aterra a Bernarda, quien comienza a sospechar lo peor.

Víctor vuelve a asaltar junto con Brandon. Los dos disfrutan de lo obtenido.

Maria Inés visita a Vicenta, quien la convence de que Graciela no es capaz de cometer nada malo como Víctor, quien es amigo de pandilleros como Brandon, el cuál es conocido por ser un ladrón. Rosario asegura que esa es la verdad y que Víctor es un ladrón que inculpó a su hermana para lavarse las manos ante su madre. Maria Inés llora, arrepentida.

Graciela acude al entierro de Augusto y el licenciado Robles allí le dice que sin ella presente el testamento no puede ser leído. Le pide que sea fuerte y la institutriz decide que se enfrentará a los Valdemar.

Aldo le dice a Humberto que Graciela se le ha clavado en el pecho por lo que ha decidido que se casará con ella.

Elena está segura de que Graciela puede reemplazar a la pequeña hija que perdió hace muchos años.

El testamento de Augusto es leído y en él nombra heredera universal a Graciela Suárez, quien para recibirla deberá vivir como institutriz en la mansión con Ricardo Valdemar  familia por un año., el cual podrá disponer de la mitad de la fortuna solo si se divorcia de Marisa De la Peña para casarse con la institutriz.

Maria Inés exige a Víctor que le diga la verdad acerca del asalto a la mansión Valdemar. Él insiste en que Graciela lo planeó todo y se impacta al escuchar furiosa a su madre, diciéndole que eso es una mentira. No le queda mas que llorar y confesar su fechoría.

Bernarda se siente furiosa y maldice a Augusto por lo que ha hecho.

Federico Robles aconseja a Ricardo que haga lo estipulado en el testamento y después de un año se vuelva a casar con su mujer, pues no puede perder la cuantiosa herencia que puede perder. Bernarda los espía.

Marisa no deja de ofender a Graciela por ser una arribista ambiciosa. Graciela le pone fin a los insultos de la mujer, cacheteándola y exigiéndole que no la vuelva a insultar.

Herminia habla con Ricardo y le pide que haga lo que el licenciado Robles le aconseja. Ricardo llora pues no puede entender que su hermano haya sido capaz de algo tan vil. Herminia le recuerda que a Augusto jamás le simpatizaron ni Marisa ni Bernarda, su madre. Es entonces que el hombre busca a la institutriz y le pide que cumplan la voluntad de Augusto. Ella se niega y él le pide que acepte pues es su única oportunidad de divorciarse de Marisa.

Dinora pide a Yaínza que le de más veneno del que le dio a Marisa para deshacerse de la institutriz. Yaínza sospecha que Bernarda fue quien puso fin a la vida de Santiago y le exige una fuerte cantidad de dinero para callar. La mujer le asegura no tener nada y ahora menos, Yaínza le da el veneno y le da pocos días para dale lo que le corresponde.

MARZO 2008. Graciela habla con Aldo, a quien le dice que deberá permanecer en la mansión Valdemar pues esa fue la voluntad de Augusto. Aldo le pide que renuncie a todo y se case con él, quien puede darle una vida cómoda y dichosa. La besa y ella lo rechaza asegurándole que no puede amarlo.

Bernarda pone veneno en la comida de Graciela y asegura a Marisa que solo deshaciéndose de esa maldita institutriz podrán conseguir que Ricardo sea el dueño universal de todo.

Tras cenar, Graciela comienza a sentir fuertes dolores estomacales por lo que de inmediato va a dar al hospital, donde es internada de emergencia. Ricardo va con ella en la ambulancia.

Bernarda y Marisa gozan que la institutriz pronto vaya a morir. Herminia las escucha y se asusta al darse cuenta de que las dos mujeres han querido asesinar a Graciela.

Humberto visita el burdel y conoce a Rosario, a quien está interesado en conocer. Se va a un privado con ella, quien llora y le cuenta su triste situación. Él le pregunta si sería su novia a cambio de que él la saque de ese lugar. Ella, al ver que podría llevar una vida decente, le dice que sí.

Graciela está fuera de peligro y Ricardo se siente aliviado. Llega a casa y le dice a su esposa lo ocurrido. Marisa lamenta que el veneno no haya funcionado eficazmente en la institutriz.

Tempranamente Maria Inés acude a la mansión Valdemar y allí Herminia le dice lo que ha sucedido por lo que la mujer acude al hospital y pide perdón a su hija, confesándole saber la verdad.

Bernarda abofetea a Yaínza por el mal resultado del veneno. La pone de patitas en la calle y la mujer se niega a irse pues quiere demasiado dinero. Bernarda le da un cheque sin fondos y solo por eso la bruja decide marcharse. Marisa pregunta a su madre qué harán cuando la mujer se de cuenta de que el cheque no tiene fondos y Bernarda asegura que esa mujer jamás descubrirá la verdad.

Aldo le dice a Helena lo que ocurre con Graciela. La mujer cree que ella puede convencerla pues quiere que sea la esposa de su hijo. Acuden en busca a Graciela y se enteran de lo que le ha sucedido por lo que deciden ir al hospital.

Marisa no está dispuesta a divorciarse de Ricardo pero Bernarda le asegura que es lo único que puede hacer, pero impedir que se case con la institutriz, pues si al final de cuentas él está cumpliendo con la voluntad de Augusto, no pueden negarle lo que le pertenece.

Ricardo confiesa a Graciela sentirse atraído a ella, por lo que le propone que cumplan con la voluntad de Augusto y sean felices pues él sabe que ella puede enamorarse de él. Los dos se besan y son descubiertos por Aldo.

Al llegar a casa, Yaínza, ambiciosa, asegura que Bernarda no se librará de ella pues le sacará todo el dinero que quiera a cambio de su silencio. Cree que tiene a la mujer en sus manos.

Simoneta y Julián quieren ver a Graciela. Harta de la situación, Marisa les dice que esa mujer jamás será su institutriz y que ellos solo deben quererla a ella, que es su madre. Los dos niños lloran y Julián le propone a Simoneta que se vayan de la casa. Los dos empacan sus mochilas y a escondidas se van.

Nacho recibe una fuerte suma de dinero a cambio de dejar en paz a Rosario, de quien se burla y le asegura que jamás se podrá deshacer del hombre que ha comprado su libertad.

Aldo sufre y  llora al creer que Graciela está interesada en otro hombre pero aun así decide no darse por vencido. Elena lo alienta para que luche por Graciela.

Bernarda acude al cuarto en el que vive Yaínza, quien le pide más dinero. Dinora le dice que eso nunca sucederá. Se abalanza contra la mujer y la ahoga para después incendiar su cuarto, arrancándole así la vida.

Fuera de peligro, Graciela es llevada a casa de su madre a pesar que Ricardo le suplica que regrese a la mansión Valdemar. Allí, se enfrenta a Víctor, quien en vez de pedirle perdón sale furioso. Maria Inés trata de detenerlo sin lograrlo.

Simonetta y Julián no saben donde refugiarse puesto que una lluvia se avecina. Llegan a casa de Paquita, una mujer que les da asilo y escucha sus historias hasta que decide que tendrá que regresarlos con su padre.

Bernarda se siente feliz de haber eliminado a Yaínza. Visita al licenciado Robles para pedirle que la ayude a deshacer el testamento de Augusto, el cuál no estaba en sus cabales. Ante la negativa de Federico, ella amenaza con deshacerse de él. Se sorprende cuando el hombre le pregunta si también se deshizo de Augusto.

Víctor visita a Rosario, quien empaca sus cosas para mudarse. Le da al muchacho su nueva dirección.

Rosario y Vicenta se instalan en un cómodo apartamento que a la mujer le ha dado Humberto. Ella se siente feliz por el cambio de vida aunque a Vicenta le resulte extraño todo cuanto sucede.

Ricardo habla con Marisa y le dice que lo mejor que pueden hacer es divorciarse temporalmente para así no perder la fortuna de Augusto. Los dos discuten y entonces él acude a ver a sus hijos y se alarma al descubrir que han desaparecido. Culpa a Marisa de ser una mala madre.

Graciela le cuenta a Maria Inés acerca de la herencia de Augusto y los términos que hay que cumplir. Asegura no querer hacer daño a nadie y amar en silencio a Ricardo Valdemar.

Nacho le pide a Brandon que investigue en donde vive Rosario, pues ahora que tendrá mejor vida la piensa extorsionar. Brandon se ve con Víctor, quien le dice lo que pasa en la vida de la ex prostituta y le confiesa tener su dirección.

Rosario intenta entregarse a Humberto pero no puede, por lo que le pide perdón. Él tiene paciencia y le asegura que, con el tiempo, quizás ella pueda quererlo un poco. Mientras, lo deja besarla. Llora ante su situación.

Ricardo se encuentra desesperado por no encontrar a sus hijos y decide contratar a investigadores.

Bernarda abofetea a Marisa y la acusa de ser una estúpida pues su única obligación es estar al tanto de sus hijos. Marisa se revela asegurando estar harta de tener que hacer todo lo que su madre le ordena y confiesa que ella no quería casarse con Ricardo y mucho menos ser madre y que si todo lo hizo fue solo para complacer a Bernarda.

Ricardo se siente desesperado y acude a Graciela para que lo ayude a encontrar a sus hijos. Los dos acuden a hacerlo pero es inútil pues no encuentran nada y menos en una ciudad tan enorme. Él llora y ella lo abraza. Los dos se besan fuertemente.

Sara Mengüer, una atractiva jovencita que trabaja como ejecutiva en las empresas Montecinos, visita la mansión Montesinos buscando a Aldo, a quien abraza y da besos. Él la rechaza y le pregunta qué quiere y cuando la mujer le dice que desea invitarlo a salir él la rechaza y le deja claro que está interesado en otra mujer.

Elena discute con Humberto pues él ha estado separado de ella por mucho tiempo. Él la culpa por encerrarse en su mundo, en sus recuerdos y olvidarse de que tiene un marido y un hijo. Ella pide perdón y le dice que está dispuesta a olvidarse del pasado y dedicarse a su familia. El hombre le dice que quizás ya es demasiado tarde para eso.

Maria Inés le cuenta a Víctor lo que sucede a Graciela. El muchacho cree que le conviene acercarse a su hermana más que nunca para poder sacar provecho.

Rosario abre la puerta pues el timbre suena. Se lleva una gran sorpresa al ver frente a frente a Nacho, quien entra y se asombra por la forma en la que la mujer ahora vive. Ella le pide que se marche. Vicenta los sorprende y el hombre decide irse pero antes le susurra que si no hace lo que él le dice, la ciega se enterará de todo.

Paquita acude a Ricardo, a quien le dice que sus hijos huyen de su madre y que se han encariñado con la institutriz. La mujer lo lleva a su humilde casa, donde el padre llora y abraza a sus hijos, al encontrarlos.

DIAS DESPUES: Graciela se presenta en la mansión Valdemar donde Simonetta y Julián le piden que se quede. Ella se niega y dice a Ricardo y su familia que no cumplirá con los deseos de Augusto, por lo que, si lo desean, pueden impugnar el testamento.

Aldo y Elena se sienten felices de que Graciela vaya a trabajar para ellos, aunque a Humberto le parece mala la idea de tener en la empresa a alguien que solo ha sido institutriz. Los otros confían mucho en la capacidad de la muchacha.

Bernarda se siente feliz de que Graciela haya decidido renunciar a la herencia de Augusto por lo que cree que todo está a su favor. Aconseja a Marisa que esperen un tiempo y después se divorcie de Ricardo.

Ricardo pide a Graciela que no se marche de la mansión y cumplan la voluntad de su hermano pero ella no quiere arriesgarse por lo que renuncia a todo y se despide de él. Ricardo le confiesa estar enamorado de ella y la besa. Ella lo rechaza y se va, llorando, pues también se ha enamorado de él.

Rosario pide dinero a Humberto para hacer unas compras. Él se lo da y la mujer más tarde se lo entrega a Nacho, al que le pide que ya la deje en paz. Nacho insiste en amenazarla, seguro de que ella representa una mina de oro para él.

Graciela se presenta en las empresas Montecinos y allí conoce a Humberto, quien de inmediato pone los ojos en ella. La muchacha le muestra su curriculum y todos los estudios que ha realizado, sorprendiéndolo.



Graciela conoce a Sara, quien le desea suerte y después acude a Aldo para reírse de él por amar a alguien tan insignificante. Aldo le asegura que como ser humano Graciela vale muchísimo más que ella.

Ricardo discute con Marisa, quien no quiere ser responsable de los hijos que jamás deseó tener y que parió solo por complacerlo a él. Se marcha furiosa de la casa y Bernarda le suplica al hombre que entienda a su hija. Ricardo confiesa estar cansado de su mujer y querer el divorcio lo más pronto posible.

Herminia le pide a Marisa que finja un poco y se encargue de cuidar a sus hijos, de ser una buena madre y esposa leal y obediente para reconquistar a Ricardo.

Elena se porta cariñosa con Humberto y él la rechaza. Ella le pide que le diga qué le pasa y el le dice que tiene algo qué confesarle.

Estresada, Marisa acude al gimnasio, donde se reencuentra con Fabricio, un ex novio de la adolescencia. Los dos se entienden y terminan en el departamento de él, donde hacen el amor.

Bernarda acude al licenciado Robles, a quien le dice que Graciela ha renunciado a todo. Él decide que convencerá a la muchacha para que cumpla la última voluntad de Augusto. Bernarda se niega rotundamente y decide acabar con la vida del licenciado disparándole con una pistola sin hacer el menor ruido.

Humberto dice a Elena que ellos ya no funcionan como matrimonio y que él ya no la ama por lo que ha permanecido a su lado solo por Aldo. Ella le pregunta si tiene una amante y él, avergonzado, le dice que sí.

Sara molesta a Graciela en el trabajo. Ella le deja claro que no tiene problemas así que le suplica que solo se hablen estrictamente por asuntos laborales. Sara se ríe de ella y llama a su amante, Fabricio, pero se sorprende al escuchar la voz de Marisa en el teléfono.

Ricardo se sorprende ante la noticia de la muerte del licenciado Robles. Se siente más solo que nunca y habla con Herminia sobre su futuro. Ella le aconseja que, si ama a Graciela, apresure a divorciarse y entonces la busque, ofreciéndole todo.

Aldo insiste en querer conquistar a Graciela, por lo que la invita a cenar. Ella lo rechaza y se marcha a casa, donde le cuenta a Maria Inés lo dichosa que es al tener un trabajo que siempre quiso. Víctor le dice que si fuera más inteligente aceptaría casarse con Ricardo y poseer la mitad de la fortuna Valdemar.

Sara reclama a Fabricio el serle infiel con otra. Él la besa y le recuerda que ellos no son nada serio y que son amantes cariñosos que buscan lo mismo: Enredarse con quien pueda ofrecerles lo que desean a cambio de caricias y sexo. Los dos se ríen y se besan apasionadamente para entonces hacer el amor.

Ricardo propone a Marisa que se divorcien. Ella feliz por lo que su amante le ha dado, le dice que puede hacer lo que quiera, pues ella ya no soporta más estar a su lado ni al de los niños. Ricardo no puede comprender como su esposa pueda ser una madre tan insensible.

Elena sufre y Aldo le pide que le diga qué sucede. Ella le confiesa saber que Humberto ya no la ama y ella es la única culpable.

Humberto se ve con Rosario, a quien le dice que ha hablado con su esposa y quizás se pueda divorciar para casarse con ella. Rosario lo besa y al fin decide entregarse a él totalmente mientras que Vicenta los escucha y descubre que su hija tiene un amante y viven en la casa de él. Llora de la decepción.

Ricardo habla con sus hijos, a quienes les dice que se separará de mamá. Ellos le piden que se case con Graciela, la institutríz, a la cual quieren demasiado. Ricardo les dice que eso no puede ser pero la idea no le parece mala. Lo habla con Herminia, quien le aconseja que busque a Graciela y la conquiste, por lo que el hombre le lleva serenata. Ella llora y decide no salir a hablar con él.

SEIS SEMANAS DESPUES: Ricardo y Marisa firman el acta de divorcio, cosa que llena de gusto a Bernarda, quien asegura a su hija que va por buen camino pues ahora Ricardo ha cumplido con parte de lo estipulado en el testamento de su hermano.  Marisa le asegura a su madre que Ricardo ya no se querrá casar de nuevo con ella, ni ella lo aceptaría, pues no desea más estar con él. Bernarda no puede creer lo que su hija le ha dicho.

Marisa visita a maria Inés, a quien le exige que convenza a su hija que se olvide de Ricardo o de lo contrario lo lamentarán, tanto Graciela como toda su familia. Maria Inés sufre un paro cardiaco que le arranca la vida por lo que, asustada, Marisa huye. 

Bernarda le asegura a Marisa que Ricardo querrá casarse con Graciela, pues los niños están encariñados con ella. Marisa asegura que eso no será, porque antes será capaz de deshacerse de la maldita institutriz que solo llegó a la mansión Valdemar para destruír sus vidas.

Víctor quien la descubre a maria Inés muerta y, alarmado, llama a Graciela, quien acude al lado de su madre y llora la pérdida.

ABRIL 2008. Rosario sufre el rechazo de Vicenta, a quien le pide que le diga qué le pasa. Vicenta le confiesa saber que se ha vendido a un hombre a cambio de riquezas y de comodidades por lo que la rechaza como hija. Rosario asegura que ella todo lo ha hecho por vivir mejor y por deshacerse de Nacho, el viejo novio que la arrojó a la prostitución.

Ricardo se entera de la muerte de Maria Inés por lo que acude a la funeraria a consolar a Graciela. Allí se enfrenta a Aldo, quien le exige que se olvide de la muchacha, Los dos forcejean y Humberto les exige que se calmen.

Nacho visita a Rosario y la vuelve a amenazar. Ella no le da nada y le asegura que puede gritar que se prostituyó a quien quiera, pues Vicenta ya lo sabe y no tiene nada que ocultar. Lo echa de su casa y al cerrar le machuca los dedos. El hombre la maldice pero decide dejarla en paz.

En la cafetería de la funeraria, Graciela es sorprendida por Marisa, quien le dice cuanto se alegra de que se haya muerto su madre y le asegura que le esperan mucho más sufrimientos. Graciela la cachetea y le exige que salga de su vida o de lo contrario se prepare, pues ella también es capaz de cualquier cosa por defenderse.

Aldo busca a Sara, quien se encuentra fornicando con Fabián. La mujer esconde al hombre y deja pasar a Aldo, quien le dice que necesita que alguien lo escuche y lo consuele. La mujer lo besa mientras hace señas a su amante para que salga de la casa.

Marisa le pide a Ricardo que les de tiempo a ella y a Bernarda para que encuentren un lugar decente donde vivir. Bernarda se niega a irse de la casa.

Ricardo consuela a Graciela, quien le cuenta lo sucedido en la cafetería. Él le dice que se ha divorciado de Marisa y se ha quedado con los niños, por lo que espera que ella acepte casarse con él, no por lo estipulado en un testamento, sino porque él está verdaderamente enamorado de ella. Están a punto de besarse pero son interrumpidos por Víctor, quien le dice a su hermana que una amiga quiere verla.

Rosario se presenta en la funeraria causando el nerviosismo de Humberto, de lo que Elena se da cuenta. La mujer da el pésame a Graciela, quien se alegra de verla después de tanto tiempo.

Elena discute en casa con Humberto pues sabe que Rosario es su amante. Él lo niega rotundamente pero la mujer insiste por lo que a Humberto no le queda mas que confesar la verdad causando a su esposa un gran dolor.

Víctor aconseja a Graciela que se case con Ricardo y reclame la fortuna que le pertenece. La muchacha se niega y le pide a su hermano que se responsabilice o de lo contrario se marche de la casa, pues ella no lo mantendrá.

Ricardo reclama a Marisa los insultos hacia Graciela. Exagerando, Marisa amenaza con quitarse la vida y Bernarda culpa al hombre de los sufrimientos de su hija.

Brandon y su palomilla cometen atracos. Son sorprendidos por la policía y es encarcelado. Confiesa que trabaja para nacho, a quien la policía intenta capturar pero huye.

Aldo sufre pues cree que en el fondo Graciela está enamorada de Ricardo. Se lo confiesa a helena. La mujer le aconseja a Aldo que se olvide de la muchacha y trate de ser feliz con otra.

Paquita visita a Julián y Simoneta, pero Bernarda se niega a que vea a los niños. Ricardo interfiere y permite a la mujer entrar a la casa y jugar con los pequeños.

Víctor visita a Rosario y Vicenta, a quienes les lleva las nuevas del barrio. Víctor le asegura a Rosario que siempre la ha amado. Se besan y son descubiertos por Humberto, quien exige una explicación. Rosario le dice a Humberto que ella no lo ama, que tampoco ama a Víctor, pero que ha descubierto que quiere conseguir las cosas por sus méritos, por si misma, sin caer tan bajo como lo hizo antes.

Marisa fornica con Fabián, quien le pide prestada una fuerte suma de dinero. Cuando ella le dice que no tiene dinero desde que se divorció para estar con él, éste la rechaza y la corre de su casa.

Herminia acude a las empresas Montecinos y habla con Graciela, a quien le dice que los niños se han quedado sin su madre, la cual los rechaza y que solo ella les puede dar el amor que necesitan. Le ruega que se case con Ricardo, quien se ha enamorado de él verdaderamente.

Humberto decide dejar a Rosario, quien le promete que le entregará el departamento, las ropas y todo lo que él le ha dado. El hombre lo acepta y entonces ella, acompañada de su madre, se marcha del edificio acompañada por Víctor.

Sara trata de intimidar a Aldo nuevamente y él le pregunta cuándo se cansará de ser rechazada. Ella lo abofetea y le jura que un día se tragará sus palabras, cuando Graciela se case con otro y ni siquiera haya tenido una palabra de cariño para él.

Graciela aparece en la mansión Valdemar causando emoción a Julián y Simoneta, quienes la abrazan y llenan de besos. La mujer se ve con Ricardo, a quien le dice que lo ha pensado y que acepta su propuesta de matrimonio. Los dos se besan fuertemente, siendo vistos por Bernarda, quien de inmediato llama por teléfono a Marisa, a quien le dice lo que sucede.

Aldo piensa en Graciela y jura que no la perderá. Humberto, destrozado, lo sorprende y le cuenta lo que le ha sucedido. Aldo no puede creer que su padre haya engañado a su mamá.

Marisa está desesperada por el rechazo de Fabián y con la noticia que le ha dado su madre jura que se deshará de Graciela pues ella ya no puede perder a Ricardo. Busca en barrios bajos a Nacho, a quien le dice que le tiene un trabajo muy importante: Matar a su marido.

Rosario se instala en la pobre casa en que antes vivía. Víctor le asegura que se encontrará mejor cuando encuentre un trabajo. La mujer aconseja al muchacho que él también enmende su vida.

Bernarda, preocupada, le dice a Marisa que Graciela y Ricardo se aman, por lo que en cuanto se casen jamás se divorciarán, por lo que deben deshacerse de la institutriz lo más pronto posible. Sonriendo cruelmente, Marisa asegura que de eso ya se ha encargado ella: De la institutriz y su destino. Las dos mujeres ríen y hablan de sus fechorías, siendo escuchadas por Herminia.

A cambio de mucho dinero, Nacho se presenta en la mansión Valdemar para asesinar a Ricardo. Lo hiere y huye, creyendo que lo ha matado. Herminia se encarga de llamar a una ambulancia.

Aldo le habla a Graciela de sus sentimientos. Ella le dice que no lo ama y que pronto se casará con Ricardo Valdemar. De pronto el teléfono suena y Herminia le dice a Graciela lo sucedido al hombre. Graciela y Aldo salen directo al hospital.

Ricardo se encuentra inconsciente y no reconoce a Graciela. Llama a Marisa, su esposa. Marisa se aprovecha de la situación para correr a Graciela del hospital, asegurándole que su marido solo ha jugado con ella.

Sara y Fabricio se ven nuevamente. Se besan él le propone que se olviden de hacer felices a otros y mejor se unan. El le asegura que Aldo Montecinos jamás se fijará en ella. Se besan y ella entonces lo rechaza, asegurándole que jamás dejará de insistir con Aldo por un pobre diablo como él. Fabricio le asegura que se arrepentirá.

Humberto habla con Elena, a quien le dice que entre él y Rosario ya no existe nada. Le pide que vuelvan a darse una oportunidad, sin separarse el uno del otro. Los dos se abrazan fuertemente y lloran.

Bernarda se siente feliz de la pérdida del conocimiento de Ricardo, pues los malévolos planes de ella y su hija contra Graciela podrán ser llevados a cabo.

TIEMPO DESPUES: Graciela sufre porque Ricardo sigue sin reconocerla. Cree que el amor entre ellos jamás podrá ser. Eso la orilla a salir con Aldo, quien en una cena la sorprende con un anillo y le pide que se case con él. Ella acepta.

Víctor se ha reivindicado y terminado la preparatoria. Decide ingresar en una universidad y trabaja en las empresas Montecinos medio tiempo. Comienza un romance con Rosario, quien se encuentra en la calle con Nacho, quien es buscado por la policía. Lo amenaza con denunciarlo si decide volver a molestarla.

Deseosa de pasión, Marisa busca a Fabián y le pide que la ayude a deshacerse de Graciela. Los dos fornican y son descubiertos por Sara. Las dos mujeres discuten y se van a los golpes por Fabián, quien ríe gozando de la situación. Corre a Marisa, y le pide que no le pida contribuir a sus porquerías.

Elena felicita a Graciela por la relación que tiene con su hijo. Graciela se sincera y confiesa no amar a Aldo, por lo que renunciará a las empresas.

Ricardo recobra el conocimiento y pregunta por Graciela. Marisa le pregunta quién es esa mujer y le hace creer que todo es producto de su imaginación. Decide adquirir un revolver para acabar con la ex institutriz por con sus propias manos.

En el gimnasio, Víctor conoce a Fabián y se hacen amigos, Lo invita a su casa, donde el hombre conoce a Graciela, la cual se le hace muy bonita. Se lleva una gran sorpresa al saber que es Graciela la mujer de la que Marisa se quiere deshacer.

Herminia trata de ver a Ricardo pero Bernarda se lo impide y le asegura que de ahora en adelante será ella quien atienda a su yerno.

Marisa aparece en casa de Graciela y se lleva una sorpresa al ver ahí a Fabricio, el cual confiesa ser amigo de la casa. Marisa no deja de insultar a Graciela, a la que culpa de arrebatarle siempre a sus hombres. Graciela cachetea a la mujer y la saca de su casa. Fabricio ríe ante la situación pero eso termina cuando Graciela lo corre a él también.

Ricardo logra hablar con Herminia, quien le dice que Graciela sí existe. Él le pide que la busque y le diga que ha recobrado el conocimiento. La mujer lo hace y en el corazón de Graciela renace la ilusión de casarse con el amor de su vida.

Humberto y Elena deciden hacer un viaje durante un tiempo por lo que se despiden de Aldo.

Sara es despedida de las empresas Montecinos y entonces decide olvidarse por completo de Aldo, al que ahora odia.

Afuera de las empresas Montecinos, Graciela le pide a Aldo que no sigan adelante con su relación pues no serán felices. Le dice que ha entregado su renuncia. Son sorprendidos por Marisa, quien apunta a Graciela con un revólver y le dice que jamás la dejará ser feliz con Ricardo ni con nadie. Aldo se acerca a ella, tratando de detenerla, y forcejean hasta que el arma se dispara dos veces. Graciela se alarma ante los disparos.

Aconsejada por Víctor, Rosario da parte a la policía del paradero de nacho, por lo que el hombre es detenido y llevado a prisión.

Herminia pide a Julián y Simoneta que le escondan una carta que deberán entregar a Ricardo si a ella llega a sucederle algo. La mujer llama a la policía y asegura estar al tanto de demasiados crímenes cometidos por Bernarda y Marisa De la Peña. Es descubierta por Bernarda, quien le cuelga el teléfono y le dice que se arrepentirá de lo que ha hecho, por lo que la asfixia con el cable del mismo teléfono.

Graciela no puede creer que Aldo esté muerto por lo que pide ayuda, mientras que Marisa intenta huir, perseguida por la policía. Al saberse pérdida, decide quitarse la vida arrojándose a un barranco, donde pierde la vida al estallar el coche.

Ricardo se pone de pie pues ya no se siente enfermo. Busca a Herminia pero no la encuentra. Bernarda le dice que Herminia se ha marchado para siempre de la mansión Valdemar.

Graciela no puede creer lo que sucede, se siente mal. Avisa a Humberto y Elena lo sucedido y éstos se alarman por la muerte de su hijo.

Bernarda recibe en casa a la policía, se pone muy nerviosa pero después pasa a la desesperación y el dolor tras saber que su hija ha muerto. Al saber cómo, maldice a Graciela y la culpa de todo. Ricardo le asegura que las cosas no son como ella dice y que Graciela solo ha sido una víctima de la maldad de todos desde que llegó a la mansión a trabajar como institutriz.

Sara descubre un nuevo amor, con quien es feliz. Sufre al saber de la muerte de Aldo y acude a dar el pésame a los Montecinos, así como Rosario, a quien Elena pide que se marche del lugar.

Graciela se encuentra con Ricardo, quien le dice que se siente muy mal y lo que Marisa ha hecho. Él le cuenta el triste final de su ex esposa y le pide que se case con él.

Bernarda les dice a Simoneta y Julián que Herminia se murió y que jamás la volverán a ver por lo que los niños entregan a su padre la carta que la difunta dejó, confesando saber todas las fechorías de Bernarda y Marisa. El hombre la entrega a las autoridades.

Bernarda sufre al saber a su hija muerta y maldice a Augusto Valdemar por lo que hizo, orillándolas a cometer locuras. La policía la sorprende y es enviada a prisión, donde se le acusa de las muertes de Augusto, Yaínza, Federico y Herminia. Es condenada a cadena perpetua. Poco tiempo después, hundida en la depresión, decide quitarse la vida en la cárcel.

Paquita es la nueva institutriz de los hijos de Ricardo.

Tiempo después Graciela se casa con Ricardo. Ambos reciben la herencia de Augusto y son felices al lado de los pequeños Julián y Simoneta. Los dos enamorados se dan un fuerte beso de amor.



FIN